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miércoles, 6 de octubre de 2010

Los niños y el agua en la escuela

Los niños se quejan a menudo de que en la escuela les limitan la cantidad de agua que pueden beber. Cuando los padres los recogen a mediodia o por la tarde lo primero que hacen tras los saludos de rigor es pedir cualquier cosa para beber.
Lamentablemente durante las horas escolares los maestros suelen limitar el acceso al agua para evitar que muchos de los niños soliciten acudir a las fuentes del pasillo o al lavabo a saciar la sed y la disciplina de la clase se rompa. Es obvio que el profesorado no está compuesto de sádicos pero es importante que ante esta situación se piense detenidamente en una solución "fisiológicamente" aceptable. Limitar el acceso al agua es lo peor que se puede hacer a un niño.
Mientras que en un lactante el intercambio de líquido supone el 25% de su peso, en un adulto sólo se trata de un 6%. La necesidad de agua de nuestro cuerpo va relacionado con el gasto calórico  básico para simplemente mantener las constantes metabólicas. Hay varias formas de calcular la cantidad de agua, necesaria aunque la más utilizada es la de Holliday Segar. Esta fórmula indica que por cada 100 Kcal metabolizadas se requieren 100 ml de agua (es preciso indicar que esta fórmula no es apropiada para niños menores de 30 días). Para los primeros 10 Kg, necesitamos 100 ml x kilogramo. Los segundos 10 Kg necesitan 50 ml x kg. Por cada kilogramo adicional, 20 ml x Kg.
Por tanto un niño de 6 años de 22 Kg de peso necesita diariamente :

 10 Kg x 100 ml = 1000 ml
 10 Kg x   50 ml = 1000 ml
   2 Kg x   20 ml =     40 ml

TOTAL              =  2040 ml (algo más de 2 litros de agua)

Cabe indicar que esto representa una necesidad mínima de agua para mantener los procesos metabólicos del cuerpo. Si el niño tiene fiebre o suda mucho por el calor es preciso añadir más agua.
Como habéis observado, la fórmula es general y no diferencia entre un adulto y un niño. Entonces, ¿por qué un niño necesita beber más a menudo?
En primer lugar porque el porcentaje de agua de nuestro cuerpo disminuye a medida que crecemos. Un lactante tiene el 80% de su cuerpo compuesto de agua. En los adultos disminuye hasta el 65% mientras que en la vejez apenas alcanza el 50%. De esto se deduce que el niño necesita reponer más agua.
En segundo lugar las tomas son pequeñas. Un adulto se puede beber un litro de agua de un solo trago. El estomago del niño es mucho más pequeño y aunque el agua presenta un tránsito rápido es imposible hacer grandes acopios de líquido. Esto hace que a veces las continuas solicitudes de agua en la escuela le parezcan impertinencia a los profesores cuando simplemente se trata de una necesidad básica.
En tercer lugar los niños son instintivos. Un adulto se puede esperar horas y horas sin orinar o sin beber o sin comer simplemente porque está en una reunión, porque está viajando o porque no puede por cualquier circunstancia. Esto es una imposición cultural, aprendida. Domamos nuestro cuerpo para que se adapte a nuestro entorno social. ¿Cuántos de vosotros os habéis levantado de una mesa de reunión para ir al lavabo o beber un vaso de agua? Seguramente pocos.  ¡¿Quién se atreve a hacer algo así ante el cliente o el jefe ? ! Pues eso el niño no lo sabe hacer. Ni creo que deba hacerlo. De hecho ni siquiera creo que el adulto tenga que hacerlo puesto que llega un momento en que olvidamos las señales que nos envía el cuerpo. No es extraño que muchos ancianos padezcan deshidratación aún cuando no tenían ninguna restricción para alcanzar el agua. En las residencias de ancianos el personal sanitario a veces se las ve y se las desea para "obligar" a los ancianos a que beban agua cuando hace mucha calor.
El agua nos llega principalmente a través de los alimentos y de la ingesta directa. Vamos a ver cuánta agua bebe el niño en condiciones normales. Supongamos que bebe un vaso y medio en el almuerzo y la cena. Seguramente bebería más pero si le damos agua antes de comer y el niño es inapetente probablemente ya no quiera comer o lo haga de forma insuficiente porque el agua le sacia. Así que tenemos 750 ml. Por la mañana ha desayunado una taza de leche que supone unos 200 ml. El cálculo de agua que contiene la comida es más complicado. No es lo mismo tomar sopa que carne o arroz. Suponemos que obtenemos otros 500 ml. Hasta ahora tenemos1250 ml. Recordemos que para el niño de 22 Kg necesitamos 2040 ml.  Aún necesitamos casi 800 ml, que vienen a ser algo más de tres vasos. Puesto que las tomas no pueden ser de gran volumen por el tamaño del estómago de los niños, tenemos que con tomas de 100 ml necesitamos repartir 8 vasos de agua a lo largo del día. Puesto que el colegio ocupa el 42% del tiempo activo del niño, durante ese periodo de tiempo deberá tomar algo más de tres vasos de agua con el agravante de que hay patio y probablemente jugará de forma activa con lo que al menos necesitará un vaso o dos extra.
Si hay algún profesor leyendo esto se habrá echado las manos a la cabeza imaginando a todos los niños pidiendo agua de forma aleatoria. Es comprensible que la disciplina de las aulas se vería severamente alterada pero no es de recibo que se impida el acceso al agua. Hay varias soluciones. Una importante es disponer de muchas fuentes de agua en el patio de recreo de manera que los niños puedan hidratarse bien al salir o antes de recogerse de nuevo en las aulas. Si hay colas para acceder a unos pocos grifo difícilmente se cubrirán las necesidades de decenas de niños. Si se "organizan" salidas al lavabo no estaría de más completarlas con el suministro de agua a los más pequeños o bien en una hora determina, tal vez antes del cambio de profesor, proponer hacer una toma que o bien puede ser dándoles en su propio vaso desde una jarra dispuesta en cada clase o bien ir por grupos hasta una fuente del pasillo. Si nada de esto se puede garantizar, se les debería permitir ir a clase con una botella que no pudiera derramar el contenido.
Por cierto, ante la reticencia de muchas escuelas, dar de beber no supone orinar más. Estamos hablando de hidratar de forma lógica, no de organizar carreras al lavabo. Limitar el acceso al agua para evitar que los niños vayan al aseo es un sandez impropia de la educación que imparten las escuelas.
¿Qué ocurre si el niño no bebe suficiente agua? Pues muchas cosas. Desde patologías "inadvertidas" hasta problemas graves de salud. Hay que recordar que somos agua y todos nuestros procesos fisiológicos la llevan implícita de alguna manera. Los niños con sed reaccionan de forma inmediata con falta de concentración y nerviosismo, lo cual no es nada recomendable en el entorno escolar. Aún así es triste decir que sobretodo los niños y los ancianos están muy por debajo de las cantidades mínimas de agua requeridas. De hecho algunos estudios hablan de un 50% del total necesario. Entonces, ¿cómo se explica que no hayan más problemas al respecto? Afortunadamente nuestro cuerpo "genera" agua a través de los procesos metabólicos y eso cubre en parte las deficiencias de agua de nuestra dieta.
Por eso, es preciso fiarse siempre del instinto de los niños y cuando piden agua a deshora, de noche, tres veces en menos de una hora, no pensemos que son impertinencias sino que la culpa probablemente cae del lado de padres y educadores.
Por cierto, supongo que no hace falta decirlo, no es lo mismo beber AGUA que beber agua a través de los refrescos o los zumos envasados. Llevan agua, en efecto, pero también azúcar, colorantes etc, etc. El mundo publicitario "pinta" el agua como aburrida e insípida, así que a veces nuestra lucha tiene muchos frentes.

 

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