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jueves, 18 de enero de 2018

El atragantamiento, un serio agravante de la inapetencia

El atragantamiento se produce cuando existe un bloqueo en las vías respiratorias de un individuo debido a que un objeto las obstruye. En los niños lo más habitual es que se trate de una canica, una pieza de un juguete o un chicle pero también es corriente la obstrucción causada por pedazos de alimento. Los alimentos que suelen causar más accidentes por atragantamiento son los trozos de carne mal masticados, las espinas de pescado y los frutos secos, entre otros.

No vamos a tratar las maneras de solucionar el problema en detalle excepto recomendar encarecidamente conocer diversas técnicas de primeros auxilios tales como la maniobra de Heimlich o la compresión torácica que los progenitores o aquellos a cargo de dar de comer a los menores deberían conocer. En Internet hay un buen número de tutoriales al respecto, siendo más que conveniente ver algún video al respecto en Youtube u otras plataformas.

Es importante que sepamos reaccionar con rapidez en caso de atragantamiento. Desde el momento en que se inicia la asfixia hasta que se produce un daño irreparable, incluso la muerte, apenas transcurren 4 minutos de manera que frecuentemente no hay tiempo material de llevar al niño al hospital. La vida del menor va a recaer en aquellos que se encuentren próximos al mismo y sepan actuar con conocimiento de causa y el suficiente aplomo.

Aún en el caso de que afortunadamente el niño se salve sin secuelas la experiencia sobrevenida de modo tan rápido e inesperado es tan traumática y espeluznante que puede generar un rechazo a ingerir alimentos. Algunos niños que han pasado por este accidente tienen dificultades hasta para tragar su propia saliva.

La deglución,  un acto  que debería realizarse en principio de forma voluntaria pero sin más problemas,  al niño traumatizado le hace revivir el pavor vivido durante el atragantamiento siendo incapaz de enviar el bolo alimenticio a través del esófago.

En estos casos lo primero es descartar que se hayan producido daños en los órganos involucrados en el accidente (lengua, traquea etc). No es lo habitual pero pudiera ser que la extracción del objeto bloqueante hubiera causado alguna herida que causara dolor al tragar.

Descartado el problema físico, convendría discernir si el niño es al menos capaz de tomar líquido. En caso afirmativo se debería iniciar una dieta líquida a base de lácteos, cereales y sopas para gradualmente pasar a purés o papillas. A medida que el niño vaya ganando confianza, pero sin retrasar demasiado el momento ya que la efectividad de la alimentación semi-líquida es limitada, deberemos reintroducir la comida sólida tratando de evitar aquella que le causó el atragantamiento y primando la facilidad en la masticación y deglución por encima de cualquier otra consideración. Durante este periodo de re adaptación deberemos controlar el peso y acudir al pediatra tantas veces como fuera necesario para que nos vaya dirigiendo en el proceso. En algunas ocasiones el pediatra envía al menor al psiquiatra que, si lo estima conveniente, receta calmantes suaves que se suministran antes de las ingestas para relajar al menor y facilitar la deglución.

En algunas ocasiones el objeto que ha producido el bloqueo no parece haber sido expulsado, si bien el menor se ha recuperado y puede respirar sin problemas. Si esto es así, conviene vigilar la evolución posterior porque es posible que dicho objeto haya sido expulsado de forma inadvertida pero también que se haya alojado en los pulmones, pudiendo generar una sintomatología parecida a la neumonía por aspiración, algo muy frecuente entre los ancianos.

La principal misión de los progenitores es evitar que el menor reviva la experiencia – ni se la recordaremos ni permitiremos que la verbalice desde el temor - , que recupere la confianza desdramatizando los hechos y sobretodo manteniendo su peso y ritmo de crecimiento a pesar de la esperable anorexia que se producirá y que tardará un tiempo en solucionarse. Paciencia ante todo.

1 comentario:

  1. Dos apuntes al respecto de esta entrada:
    - puedo atestiguar la eficiencia de la maniobra de Heimlich. Mi hija se atragantó con un caramelo y sólo esa maniobra pudo sacarlo de su garganta. Yo misma la hice sin haberlo intentado antes nunca y sin práctica como sanitaria ni nada de eso.
    - los humanos actuales podemos hablar como lo hacemos pagando el peaje de los atragantamientos (una broma pesada de la evolución). Hasta los dos años de edad más o menos, podemos respirar y tragar comida a la vez sin problemas. A partir de esa edad, la posición de la laringe cambia y ya podemos hablar como adultos. A cambio, además de padecer durante un tiempo de infecciones de garganta, anginas, faringitis y este tipo de males, perdemos la capacidad de respirar y tragar al mismo tiempo. O sea, que hablamos, pero nos podemos asfixiar gracias a esa capacidad.
    Aquí un artículo de esto mejor explicado:
    EL HUMANO ATRAGANTADO

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