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domingo, 8 de diciembre de 2019

Los niños y las grasas, no siempre malas para su salud


Los lípidos, más conocidos como grasas, al igual que los carbohidratos son utilizados por nuestro oganismo para obtener energía. Además cumplen otras funciones igual de importantes, como la síntesis de hormonas, el transporte de vitaminas liposolubles, y también forman parte de las vainas que envuelven los nervios así como de las membranas celulares. 

La mayor parte de las grasas que consumimos se engloban dentro del grupo de los triglicéridos los cuales están formados por una molécula de glicerol a la que se unen tres ácidos grasos. 

Las grasas están presentes en prácticamente todos los alimentos. En los aceites vegetales los lípidos son ricos es ácidos grasos insaturados, al igual que ocurre en los pescados. Las grasas animales son ricas en ácidos grasos saturados. Acabamos de ver que hemos clasificado los lípidos en saturados e insaturados, si bien existen otras dos subdivisiones para las grasas insaturadas: monoinsaturadas y poliinsaturadas. En general en los alimentos que consumimos existe una combinación de ambos ácidos, salvo excepciones. Los ácidos grasos saturados son los más difíciles de digerir. Las posibilidades de ser utilizados por nuestro organismo es limitada ya que todos sus puntos de enlace ya están siendo utilizados y por tanto están “saturados”. Esto supone que sea muy difícil romper sus moléculas y a la larga vayan acumulándose en las arterias con el consiguiente peligro cardiovascular que ello supone. Las grasas saturadas suelen ser sólidas a temperatura ambiente y como se ha comentado con anterioridad, no son sanas para nuestro organismo. 

Las grasas monoinsaturadas están formadas por ácidos grasos que presentan un doble enlace en la cadena de átomos de carbono. Se encuentran tanto en alimentos de origen animal como vegetal y suelen mostrarse como líquidos a temperatura ambiente y sólidos a temperaturas bajas. Es el tipo de grasa que encontraremos en los aceites vegetales, las nueces y el aguacate, entre otros. Por ejemplo, varios de ellos forman parte de la serie omega 9, siendo el más importante de ellos el ácido oleico, componente del aceite de oliva.

Las grasas monoinsaturadas son sanas para nuestro organismo. Entre otras ventajas ayudan a mantener un nivel bajo de colesterol así como a mantener los niveles de glucemia a las personas que padecen diabetes de tipo 2. Además son necesarias para desarrollar y mantener las células, al igual que poseen un alto contenido en vitamina E. 

Las grasas poliinsaturadas son ácidos grasos que poseen más de un doble enlace entre sus carbonos. Se encuentran a temperatura ambiente en estado sólido o blando. Nuestro organismo las obtiene de los pescados azules y marisco así como del maíz, la soja, el girasol, las nueces y la calabaza. Una de las grasas más importantes – de hecho, esencial - es el ácido linoléico, conocido habitualmente como omega-3 u omega-6 (dependiendo de dónde se encuentra el doble enlace). La importancia del omega-3 reside en que su consumo elevado aumenta notablemente el tiempo de coagulación de la sangre. Esto es muy positivo para evitar enfermedades cardiovasculares, tal y como ocurre con determinados pueblos (como los japoneses) donde la incidencia de tales enfermedades es muy baja. 

El omega-6 también es esencial para el ser humano pero la dieta actual tiende a proporcionar excesiva cantidad del mismo. Según diversos estudios es la proporción correcta entre omega-3 y omega-6 lo fundamental para obtener beneficios en nuestra salud. 

Las grasas saturadas e insaturadas no son las únicas de las que depende nuestro organismo. El colesterol, pese a la mala fama que arrastra, es necesario para el ser humano. Se trata de un lípido que se encuentra en el tejido y el plasma sanguíneo de los vertebrados cuya misión es variada : forma parte de la estructura de las membranas plasmáticas, transporta vitaminas liposolubles, es precursor de hormonas sexuales como la progesterona, estrógeno y testosterona etc, etc. En resumen, si nos quitan el colesterol del cuerpo literalmente moriríamos sin remedio. Hace más de medio siglo alguien estableció un paralelismo entre la cantidad de colesterol en sangre y las enfermedades cardiovasculares. No obstante muchas personas circulan por la vida con unos niveles altísimos de colesterol sin que padezcan ningún tipo de problema. Esto es debido a que existe un tipo de colesterol "bueno" o HDL y otro "malo" o LDL. 

El LDL se encarga de transportar los elementos necesarios para la célula y el HDL de recoger el excedente para su eliminación. Cualquiera puede tener un alto nivel de colesterol siempre que éste fuera "bueno" mientras que es el "malo" el que se tiene que vigilar. Tras el descubrimiento de ambos tipos de colesterol se fijaron unos valores máximos admisibles de LDL y a partir de entonces - década de los 70 del siglo pasado - más de uno y de una han vivido pendientes de unos análisis periódicos de sangre que suelen revelar que no han llevado un tipo de vida demasiado saludable. 

Otros ácidos grasos importantes son los fosfolípidos (llamados así porque incluyen fósforo en sus moléculas). Su importancia radica en que forman parte de las membranas celulares, regulan el colesterol y activan las enzimas, entre otras muchas funciones. Los alimentos a través de los cuales nos llegan los fosfolípidos son la lecitina de soja, la yema de huevo y las nueces y almendras. Pero también existen ácidos perjudiciales como los trans. 

Los ácidos grasos trans, más conocidos como grasas trans o grasas hidrogenadas, son lípidos insaturados presentes en alimentos industrializados que se han sometido a hidrogenación (proceso químico por el cual los aceites se convierten en sólidos al inyectarles hidrógeno a alta presión y temperatura) aunque también es posible encontrarlos a diferentes niveles en la leche y la grasa de vaca . Un resultado de esta técnica es la margarina, que se obtenía antiguamente hidrogenando aceites vegetales. Los ácidos trans no sólo aumentan el colesterol malo LDL, sino que ayudan a bajar el bueno HDL por lo cual tienen un impacto muy negativo en la salud cardiovascular. ¿Por qué se hidrogenan grasas? La hidrogenación generalmente se emplea para solidificar aceites vegetales y con ello mejorar la textura y estabilidad del producto, sobretodo en productos de pastelería y comidas preparadas. Tal es el impacto de dichas grasas en la salud humana que diversos paises han prohibido su producción y venta. 

Los lípidos constituyen la reserva energética más importante para el ser humano. Cada gramo de grasa produce el doble de energía que el resto de nutrientes. Esa es la razón por la que resulta más “económico” almacenar grasa en el cuerpo que glucógeno o proteínas, para desgracia de más de uno y de una que viven pendientes de las dietas que les resarcirán de los excesos alimenticios. Junto a los carbohidratos, las grasas son el gran macronutriente para el ser humano. Se recomienda que los lípidos aporten alrededor de un 35% de las necesidades energéticas diarias, de las cuales un 8% debería proceder de grasas saturadas (generalmente de procedencia animal), un 20% de grasas monoinsaturadas y el resto de poliinsaturadas. En las grasas poliinsaturadas no debería faltar el ácido linoleico. 

Los niños deben consumir grasa siguiendo los siguientes principios, pero en ningún caso deben eliminarla por completo ya que el transporte de algunas vitaminas liposolubles se hace exclusivamente gracias a ella : 

1. Eliminar la grasa visible de las carnes (si es visible a temperatura ambiente es saturada)

2. Eliminar la grasa de las aves eliminando la piel (que es donde se acumula, además de ser el lugar donde se concentran los contaminantes) 

3. Consumir aceite virgen extra de oliva siempre que sea posible, especialmente crudo como aliño en ensaladas, en tostadas de pan etc... 

4. No abusar de los fritos (1 ó 2 veces por semana como máximo)

5. Incorporar en la dieta pescado azul de pequeño tamaño (sardina, boquerón etc). 

6. Primar los embutidos de tipo ecológico o de aquellos animales que siguen una dieta natural, como es el ibérico. 

7. Consumir grasas de origen vegetal siempre que sea posible (frutos secos, por ejemplo). 

Todos conocemos qué ocurre si consumimos demasiadas grasas : engordamos. Además proporcionan sensación de saciedad, de manera que no sentiremos necesidad de ingerir otros nutrientes que equilibren positivamente nuestra dieta. Las grasas de origen animal son las más peligrosas ya que debida a su escasa absorción tiende a acumularse en las arterias provocando problemas cardiovasculares.

viernes, 29 de noviembre de 2019

Mareos por movimiento o cinetosis


 

Los niños tienen tendencia a marearse cuando viajan en un vehículo sobretodo desde los 2 hasta los 12 años de edad. A partir de esa edad este problema tiende a remitir aunque en ocasiones persiste a lo largo de la vida del sujeto. Por debajo de los 2 años de edad es muy difícil que aparezca.

El mareo ocurre porque la información de movimiento recogida por la vista no se corresponde con la sensación de aceleración que perciben nuestros oídos ni con las informaciones que se reciben desde nuestros músculos y huesos y que se envían al cerebro. Aparentemente estamos sentados sin realizar movimiento alguno pero el oído y el sistema motor detectan la aceleración o desaceleración del vehículo, así como cualquier movimiento brusco que realice. En un coche notaremos el trazado de una curva, un bache en la carretera, un frenazo brusco etc. En un barco el oleaje, el viraje. En un avión el despegue, la desaceleración necesaria para el aterrizaje...

Toda esta información es enviada al sistema nervioso central y el cerebro es el que detecta que hay algo que no le cuadra : los ojos dicen que estamos parados pero el resto de órganos detectan movimiento. El cerebro empieza a enviar órdenes 'extrañas' y el oído, donde reside nuestro equilibrio, no es capaz de responder de forma adecuada. En ese punto es en el que aparece el mareo cinético o cinetosis. Por la misma razón si cerramos los ojos, al anular la principal fuente discordante de datos, el mareo se mitiga.

Los síntomas de la cinetosis son diversos, pero los más habituales son la sensación generalizada de malestar, sudoración, palpitaciones, nauseas y vómitos. Vomitamos porque los síntomas que presentamos al cerebro le parecen similares a los de una intoxicación alimentaria y por tanto nos hace eliminar el contenido del estómago para prevenir que el posible agente que nos ha envenenado cause serios daños internos. Es una reacción instintiva que hemos heredado de nuestros remotos antepasados homínidos con objeto de protegernos de posibles venenos contenidos en los alimentos nuevos que probaban.

La cinetosis provoca inapetencias leves transitorias en los menores y también en adultos. Si el menor ha llegado a vomitar no debemos en ningún caso forzar la ingesta de comida al menos hasta que el malestar desaparezca completamente. Existe la creencia de que si el menor ha vomitado la comida previamente ingerida ésta debe ser repuesta a la mayor brevedad posible, que es como si no hubiera comido en realidad. Esto es algo erróneo y puede provocar un segundo vómito empeorando el estado del niño.

Si el menor es muy propenso a padecer cinetosis y además sufre inapetencia leve deberemos limitar los trayectos en vehículos. Las excursiones deberán ser preferiblemente sólo de mañana o tarde. Si ello no es posible al menos evitaremos que las comidas, especialmente si van a ser copiosas, antecedan o sucedan de forma inmediata a los desplazamientos. Si el niño se marea y además es inapetente, es muy posible que el día en que se junten ambas dolencias la ingesta sea imposible.

Otro error es no dar de comer al niño pensando que si no hay comida en el estómago y no se puede vomitar es que no existe mareo. El mareo, si ha de producirse se producirá igual, tenga como consecuencia que el niño vomite o no. A los progenitores nos parece que el vómito es la manifestación máxima del mareo en un vehículo, pero no es así ya que en realidad es el malestar generalizado el síntoma más desagradable. Lo mejor ante la previsión de un viaje es comer ligero, pero no ir de vacío. Si el estómago está vacío las arcadas serán mucho más fuertes y molestas porque el cerebro seguirá pensando que hay un tóxico a eliminar que por alguna razón no es expulsado. El niño se agotará intentando expulsar aquello que no existe y el malestar se incrementará de forma notable.

¿Qué debemos hacer para evitar que nuestros hijos se mareen? A continuación os damos algunas pautas a seguir si el niño padece cinetosis, independientemente de si es inapetente o no.

  • Como se ha dicho anteriormente, evitad las comidas copiosas al igual que ir con el estómago vacío.

  • Es preferible que fije la mirada en un punto tan lejano como sea posible. Puede ser el pico de una montaña o un hito de la carretera. Es mejor que mire a través del parabrisas delantero del coche pero si lo hace por las ventanillas laterales que siga el consejo anterior. Para que mire por la ventanilla delantera deberemos fijar la silla en la zona intermedia de los asientos traseros. De esta manera tendrá enfocado de forma natural aquello que acontece entre los asientos delanteros. Debéis consultar si tal disposición es posible de acuerdo a la normativa de seguridad de cada país y los sistemas de anclaje del vehículo lo permiten. Si el niño tiene la edad adecuada según la legislación de cada país, deberá ir en el asiento del copiloto.

  • Mientras se duerme es difícil – pero no imposible - marearse puesto que el sentido más discordante, la vista, queda anulado. Si vais a realizar un trayecto largo lo mejor es elegir unas horas del día en que estéis seguro de que el menor va a dormir la mayor parte del tiempo.

  • Parad a menudo, a pesar de que el niño no muestre síntomas de mareo.

  • Realizad una conducción suave, evitando las acelaraciones repentinas y las frenadas bruscas.

  • Revisad el itinerario de antemano y elegid siempre la ruta con menos curvas.

  • En determinados vehículos, sobretodo trenes y barcos, es necesario que los menores se sienten en el sentido de la marcha. De esta manera las sensaciones que se reciben a través de los sentidos son menos contradictorias. En el barco es preferible viajar en la cubierta – o estar el mayor tiempo posible en la misma -. En los aviones elegiremos para ellos los asientos que están sobre las alas y en al autocar/autobús los más cercanos al conductor, siempre en el sentido de la marcha.

  • Los niños deben ir en sillas especiales tal y como obliga la normativa de tráfico de cada país. Está totalmente prohibido que se mueva libremente dentro del coche por razones obvias de seguridad y porque se marearía más facilmente (algo que ocurre sin embargo en barcos, trenes y aviones donde durante la mayor parte del desplazamiento es posible moverse libremente por la zona de pasajeros).

  • Es preferible no fijar la vista en algo cercano como puede ser un cuaderno de dibujo, un teléfono móvil o una tablet.

  • Entretened a los niños con conversación o juegos que no requieran la atención hacia el exterior (adivinanzas o similar).

  • No forcéis al niño a comer después de un mareo, sólo conseguiréis que se sienta peor.

  • Si el niño ha vomitado vigilad que no se produzca una deshidratación.

  • Ventilad bien el interior del vehículo permitiendo la entrada de aire del exterior. Los olores fuertes pueden ayudar a provocar una situación de mareo.

Supongo que ya sabéis que existen ayudas farmacológica para evitar el mareo. No soy partidario de las mismas porque provocan, como cualquier medicamento, efectos secundarios. Los fármacos más habituales están basados en el dimenhidrinato, la cinariza y otros cuya función es disminuir la reactividad del laberinto o aparato vestibular (oído interno).

Se ha de seguir de forma estricta las indicaciones que haga el pediatra sobre el uso de estos medicamentos así como la posología y edad mínima recomendada que indique éste o el fabricante. Uno de los efectos secundarios más notorios es la somnolencia por lo que se suelen recetar combinaciones del fármaco con cafeína. Otro efecto secundario puede ser la falta de apetito, con lo que los niños inapetentes van a tener un doble handicap. Los fármacos anti mareo se pueden presentar como solución líquida o pastillas, y cuando el niño es mayor de 6 años se le puede proporcionar en formato chicle.

Respecto a si es bueno dotar al vehículo con DVD y pantalla instalada en la parte trasera de los asientos delanteros para que los niños se distraigan hay opiniones contradictorias. Algunos progenitores detectan que los niños se marean igual o más con los mismos mientras que otros detectan mejoras. 


Extraído de libro "Inapetencia Infantil" de Xavier Molina, 2017 

martes, 19 de noviembre de 2019

Entrevista muy inquietante

La entrevista que el periódico "El País" realiza al catedrático de medicina Nicolás Olea sobre los contaminantes en la alimentación pone nervioso a cualquiera. Las afirmaciones de que los niños orinan más mercurio y plástico del normal son realmente aterradoras. De obligada lectura :

miércoles, 6 de noviembre de 2019

El problema del mercurio en los pescados sobre la salud del menor



La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición ha elevado la edad de los niños que no deberían tomar pescado contaminado de mercurio hasta los 10 años. Con esta nueva recomendación los niños, las mujeres embarazadas y las lactantes se deberían abstener de consumir determinados tipos de pescado - generalmente los de mayor tamaño - y limitar la ingesta del resto. Aquí podéis ver la recomendación publicada al completo :


Os recomiendo leer este capítulo de nuestro libro "Inapetencia Infantil" donde se alertaba de este grave problema :

"[...] El pescado : La Agencia Francesa para la Alimentación, Salud Ambiental y Ocupacional determinó que la ingesta adecuada - y máxima aconsejable - de marisco para adultos es de unos 200 gramos/semana. Para moluscos y crustáceos, la ingesta debería situarse entre 26 y 72 g/semana, cantidad suficiente para aportar los nutrientes necesarios pero sin sobrepasar la exposición a arsénico inorgánico, cadmio, dioxinas o PCB. 
Los peces son organismos que se mueven en aguas contaminadas y es normal que acumulen en sus organismos substancias nocivas. 
El caso del mercurio es bien conocido. 
Una vez ha entrado en el cuerpo de los peces no es posible eliminarlo. El mercurio pasa a nuestro cuerpo cuando consumimos pescado y puede tener repercusiones graves en el organismo. La acumulación de mercurio crece a medida que avanzamos en la cadena de depredadores. Así los peces grandes y voraces como el atún contiene más mercurio que la sardina por el simple hecho que come más cantidad de peces que ésta y con ello acumula el mercurio procedente de cada una de las presas. 
Así que las poblaciones más vulnerables - niños hasta los 9 años y embarazadas - deberían preferir pescados pequeños sobre los grandes : mejor dar sardinas frescas que no atún en lata y siempre atendiendo los límites vistos anteriormente. 
El organismo humano tampoco puede eliminar el mercurio, por lo que su efecto es acumulativo. En los pescados los contaminantes se distribuyen por todo el cuerpo, incluidos los músculos, pero son más abundantes en la grasa, la piel y las vísceras. 
Las especies menos afectadas por el mercurio son : merluza, arenque, bagre, abadejo, calamar, cangrejo de río, lenguado, sardina, mújol y pescado blanco en general. En estos pescados no hay límite en cuanto a la cantidad a consumir. 
A nivel medio encontraríamos el bacalao, la carpa, halibut, lubina, raya, rape, langosta y lubina. Se puede comer un par de veces por semana. 
Con un nivel alto de mercurio y a evitar para los menores encontramos el atún, mero, pez espada, tiburón y caballa

Existe pescado ecológico – exclusivamente de piscifactoria – si bien es escaso y difícil de encontrar. 
El pescado en general se considera más contaminado que la carne y por supuesto que los vegetales."

lunes, 4 de noviembre de 2019

Los niños “mayores”, nuevos problemas con la alimentación


Hasta ahora hemos hablado principalmente de la niñez porque es en esta etapa de la vida cuando, con el paso de la lactancia a la comida sólida, se dan más casos de inapetencia. Esto no significa que sea un síntoma exclusivo de los niños ya que de hecho puede extenderse, con una muy diferente sintomatología, durante la adolescencia. A menudo el niño que fue inapetente pasa a comer en cantidades apreciables cuando alcanza la pre adolescencia pero no siempre con la calidad necesaria. Esta repentina abundancia de las raciones tiende a calmar a las familias que ya no se ven en la continua tesitura de batallar para conseguir que el niño coma, pero no siempre esto es suficiente. 

También a menudo persisten problemas relacionados con la escasa variedad de alimentos que se ingieren e incluso con la casi completa ausencia de grupos completos, siendo la fruta y la verdura los más damnificados. La adolescencia es la etapa de la maduración sexual, del aumento de la talla y peso así como de cambios en la distribución de la grasa y la masa muscular. Todo ello comporta unas elevadas necesidades nutricionales. Los cambios descritos son progresivos a lo largo de unos 6 años (como promedio). Las niñas empiezan el cambio alrededor de los 10-11 años llegando al máximo de desarrollo sobre los 12-13 años. A partir de esa edad la madurez sexual es completa. 

En los niños es más tardía y se inicia sobre los 12 años, dándose el pico de desarrollo a los 14-15 años. Cada niño lleva una “velocidad” propia de crecimiento y es esta la razón por la cual dentro de una misma aula convivan niños que ya se han desarrollado plenamente mientras que otros apenas han iniciado los cambios. Existen tablas que permiten relacionar peso/talla con la edad pero son meramente orientativas ya que los datos obtenidos son sólo aproximados. Si nuestra hija o hijo se siente extraño porque ve en sus compañeros cambios físicos que no se producen en ella/él es conveniente calmarle porque tarde o temprano llegarán y en unos pocos años todos quedarán más o menos igualados. 

La masa grasa aumenta sobretodo en las chicas llegando a una proporción del 20-25%, localizada principalmente en las caderas. En los chicos disminuye de promedio un 15% y se localiza en el tronco. 

La masa muscular crece en ambos sexos hasta los 12 años. A partir de esa edad crece de forma sostenida en los chicos – en la zona de hombros y extremidades principalmente – y es más lenta en las chicas. 

En cuanto a la masa ósea es entre los 9 y los 18 años el periodo crítico para la adquisición de mineral óseo, llegándose a un aumento del 60%. Este aumento viene dado por las hormonas, la alimentación, la exposición solar y el ejercicio físico. Decimos crítico porque si hay una deficiencia en cualquiera de estos parámetros y la acumulación de masa ósea es menor de la esperada ya será una merma irreversible, siendo imposible recuperarla. Alrededor de los 17 años se tiene el 88% de la mása ósea que alcanzará el 100% entre los 25-30 años. Si el adolescente ha sido muy sedentario, se ha nutrido incorrectamente o tiene poco contacto con el sol (y por tanto poca vitamina D) la mineralización no llegará al tope esperable y eso puede afectar a su talla. 

Respecto a las necesidades calóricas la OMS proporciona tablas, categorizadas por talla, peso y sexo, en las cuales el consumo de calorías debe ser un 10% mayor para los adolescentes que los valores necesarios para los pre adolescentes, por término medio.  Lo veremos en más detalle al final de este artículo.

En cualquier caso queda claro que los adolescentes necesitan una cantidad importante de calorías – bastantes más que las necesarias para el adulto - y que restringirlas puede suponer un retraso en el inicio de la pubertad o incluso en la estatura alcanzable. Como ejemplo de esto tenemos a las gimnastas de élite que mantienen un aspecto infantil a edades en que otras niñas ya se han desarrollado. Cuando abandonan la práctica deportiva y se alimentan con normalidad su desarrollo se “reinicia” si bien su talla, debido al problema de la mineralización ósea, no siempre se recupera. 

Los adolescentes deben tener especial cuidado con el hierro debido a la formación de masa muscular y sangre, incrementándose las necesidades en las chicas por la menstruación. También el calcio es importantísimo por la mineralización ósea, al igual que el zinc, esencial para el crecimiento y la maduración sexual. 

Pero la adolescencia también es una etapa de rebeldía donde se cuestiona, sin base suficiente ni consultar con nadie a no ser con los amigos más cercanos, los hábitos alimentarios. Así no resulta extraño que adolescentes acomplejados por su físico – por considerarse demasiado obesos, por el acné etc – realicen por su cuenta dietas sin base científica alguna que no sólo no sirven a sus propósitos sino que además les pueden provocar problemas de salud graves. Las dietas más extendidas consisten en practicar ayunos salvajes, eliminar los carbohidratos de la dieta o el desayuno, aumentar el consumo de proteínas (dieta hiperproteicas) o practicar ejercicio físico hasta modelar la figura según unos supuestos cánones de belleza basados en la musculatura exagerada (vigorexia). 

Eliminar los carbohidratos de la dieta implica privar a nuestro organismo de energía limpia. Al sustituir estos compuestos por proteínas y grasas se generan residuos tóxicos perjudiciales para el organismo. Las dietas hiperproteicas provocan problemas parecidos. No desayunar y alternar largos periodos de ayuno con otros de ingesta provoca enormes variaciones de la glucosa circulante con el consiguiente desbarajuste que sufren las células del cuerpo en su alimentación. Por no hablar de que todas estas prácticas basadas en conceptos erróneos son precursoras de trastornos graves de la alimentación como la bulimia y la anorexia nerviosa que si aparecen suelen hacerlo durante la adolescencia. 

Hay padres que cuando los niños alcanzan determinada edad se desentienden o al menos relajan bastante la atención que les prestan a nivel alimentación. Desayunan solos – si es que lo hacen -, salen del colegio a media mañana para comprarse bollería en el supermercado más próximo, comen en el colegio, pasan bastantes horas solos en casa o en compañía de amigos y se encuentran con la familia sólo a la hora de cenar o durante los fines de semana (no siempre a tiempo completo). Esto provoca trastornos en el ritmo de las comidas, en la ingesta de nutrientes y en definitiva en el crecimiento y el posible desarrollo de enfermedades a corto, medio o largo plazo. 

Curiosamente son los adolescentes que padecieron inapetencia durante la niñez los que comen mejor si la vigilancia de los padres se mantiene. Pero si esta vigilancia se ha relajado sin haber inculcado las nociones de una nutrición correcta puede acarrear problemas graves. Incluso aquellos niños cuya educación alimentaria ha sido estricta por la diabetes de tipo 1 que padecen, por ejemplo, tienden a desafiar la enfermedad cuando alcanzan la adolescencia eliminando dosis de insulina para así perder peso. 

Por desgracia también existe el peligro que el adolescente se inicie en el consumo de tóxicos como el tabaco o el alcohol, incluso la droga. Estos productos inhiben el apetito e incluso pueden interferir con la absorción de determinados nutrientes, entre otros efectos psicológicos y físicos de notable gravedad. 

Abordar los problemas nutricionales o de otra índole con los hijos adolescentes puede ser complicado si la relación no ha estado basada en el pacto o se ha mantenido a lo largo de los años en la unidireccionalidad, donde uno ha hablado y mandado y el otro se ha limitado a escuchar y acatar (algo que la adolescencia tiende a destruir, claro está). El diálogo continuo, la supervisión relajada – sin entrar en paranoias – y la confianza mútua son primordiales para sortear cualquier problema. Y ese arte de la comunicación se inicia desde el momento cero de su existencia. Cuando más tardéis en aplicarlo, peores serán los resultados. 

Las raciones de los adolescentes 

Las raciones que necesitan los adolescentes son notablemente superiores a las de los niños y los adultos. Se encuentran en plena fase de crecimiento, su cuerpo ya tiene un tamaño apreciable y eso implica comer más y también mejor. Si sois padres de adolescentes no inapetentes os habréis dado cuenta de lo mucho que comen.

Los adolescentes deben comer a diario entre 5 raciones de fruta (dos naranjas medianas, dos docenas de cerezas, dos ciruelas etc). Una de las raciones puede ser en zumo. 

En cuanto al pan siempre integral, alrededor de 200-300 gramos al día (una baguette pesa alrededor de 250 gramos, así que un bocadillo a media mañana se podría hacer con un tercio de la misma, el resto del pan a consumir como acompañamiento del almuerzo y la cena). 

Medio litro de leche al día, además de algún otro lácteo como queso (si es curado 50 gramos por ración, si es fresco 100 gramos). El yogur equivale al consumo de leche por lo que es intercambiable con la misma (si no es azucarado). 

120 gramos de carne por ración o 150 gramos de pescado o 2 huevos si estos sustituyen a una ración de carne o pescado hasta un máximo de 5 huevos semanales. ¼ de pollo, pavo o medio conejo por ración. 

En cuanto a las raciones de carbohidratos, 100 gramos de pasta o 100 gramos de legumbres. Es necesario que coma a diario alrededor de 250 gramos de verduras. Una ensalada al día es imprescindible.

miércoles, 2 de enero de 2019

"Inapetencia infantil", regalo de Reyes


Consigue la versión electrónica de "Inapetencia infantil" por 0 euros en Amazon. Sólo hasta el 5 de Enero y haz a tus hijos el mejor regalo posible.

Una guía sencilla para hacer que tus hijos coman y además lo hagan bien. 

miércoles, 27 de junio de 2018

Cólico del lactante : Sanidad retira el Aprotecol

"El cólico del lactante o gases del lactantes suele aparecer antes del tercer mes de edad y suele ser causa de honda preocupación entre los progenitores. Cuando se produce el cólico suele durar alrededor de tres horas y no hay manera de calmar al bebé que aparte del lloro se muestra irritable y agitado. Si se acude al pediatra o a urgencias se suele diagnosticar un cólico si no hay una otra causa aparente para el llanto. 

Estás ante un cólico si el bebé tiene un llanto persistente y fuerte que se prolonga 3 horas, al menos 3 días a la semana durante 3 semanas y considerando que el niño se encuentra sano y bien alimentado. 

Lo cierto es la causa exacta por la que se produce el cólico es desconocida. Como se ha dicho anteriormente aparece antes del tercer mes y suele desaparecer al cuarto mes de vida, aunque por su duración y el sufrimiento que expresa el bebé a las familias les parece una eternidad. Una teoría indica que puede deberse a una flora intestinal inmadura que no permite al bebé procesar de manera adecuada los azúcares y las grasas en el intestino. En otros casos se piensa que pueda tratarse de una reacción a un alergeno recibido a través de la leche materna. Se han observado mejoras eliminando de la alimentación de la madre productos como el huevo, la leche de vaca, el pescado y los frutos secos. En otros casos se ha substituido la leche materna por leche infantil, si bien no es la situación ideal. "

                                                                                            Extraído del libro "Inapetencia Infantil"

Sanidad ha retirado el medicamento Aprotecol debido a la reacción alérgica severa que ha padecido un bebé francés y que requirió la asistencia del equipo médico de urgencias. Por favor, lee esta nota informativa de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios  LEER AQUÍ